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07 agosto, 2012

trece para el Jueves


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Desnuda la mañana y sin sol, ¡que frío viene el amanecer! Un rayo de esperanza relampaguea ( El porvenir nunca viene, por eso se llama por venir, Ángel Gonzalez). Congreso se convierte en Tejedores y de entre los pliegues del amor Pedro Guerra, El doce de agostos el reloj del mundo quiere y el porvenir es una luz y una encrucijada, un tablero de ajedrez con un rey sobre el unicornio alado y; la caja arde, pero si vas deprisa el río se apresura si vas despacio, el agua se remansa. Bajo la tormenta el calabobos es mal de muchos. Bajo la tormenta. http://www.youtube.com/watch?v=W_Emy_19bos

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08 julio, 2012

Doce Arcoíris


 Bajo la tormenta! Bajo la tormenta existe un hogar de niños con el agua negra, para beber con hierbas o mate con yuyos. Agua que lava y moja los juguetes, los cuchillos, las cabezas. Como no entra el sol, nunca proyectan sombra porque son voces y gritos amontonados, columnas de colchones y ropa, libros apilados, impolutos, recostados. El agua hirviendo en ollas de no sé qué material, llenas de golpes, por dentro y por fuera, guardando la forma conteniendo calentando la sopa. Recaliente. Las frutas son lanzadas a la cara, suerte que no son granadas; son limones, naranjas, los cuchillos por los tejados, los cuerpos sobre la mesa, personas recortadas en fotos y recortes de prensa. La televisión aturde y contagia, salpica muerde envenena. Los niños se ríen, bajo la tormenta y comparten la mesa y la tormenta y la lluvia y las centellas. Las estrellas son de pasta y llenan la sopa y los sueños. Pero hoy no toca sopa, toca yuyos y caldo con pan y mermelada. Bajo la tormenta, por raro que parezca, hay un hogar de niños donde se soplan velas y tienen suerte los niños y tienen torta y tienen presente. Bajo la tormenta el niño juega a la rayuela y la tiza y la lluvia también juegan. Y la calle y los niños y el juego forman la mejor de las sonrisas y parece que uno ve arcoíris multicolores infinitos. Bajo la tormenta hay encuentros y despedidas con abrazos y besos por tos los costaos. Bajo la tormenta hay un hogar de niños, con un patio de su casa particular que cuando llueve se moja como los demás. El hogar de niños tiene las paredes blancas, no se ven ceras ni crayones, pero se puede leer Feliz Cumpleaños, se pudo escribir Feliz Cumpleaños. Bajo la tormenta no se pudo apagar la televisión pero se pudo plasmar en sus paredes Feliz Cumpleaños, y soplar velas, y por eso, ese día, bajo la tormenta, se cantó y se sopló, y se compartió una mesa. Bajo la tormenta los niños comparten mesa con una liebre y Alicia y … ¿Quién era el tercero? La mesa limpia y los cuchillos por los tejados y los juguetes mojados, pero cuando todo conjuga para niño o juego resulta sonrisa, formas o sombras y viceversa; es por los niños que existen los arcoíris, es que existen los arcoíris porque los niños lloran de risa. Y, por las ventanas y los patios de los hogares de niños, bajo la tormenta lucen todas las luces y las sombras y las formas. Bajo la tormenta uno puede ver una gota de lluvia o una mejilla, una lágrima sobre la tierra.        Doce  Arcoíris.

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02 enero, 2012

Plaza Once

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Bajo la tormenta, uno busca techo. Un techo sale algo caro. Son unos miles de pesos, una luca por seis como mínimo. Si el techo lo buscas con inmobiliaria, te puedes pegar un tiro para poder llegar a tener el dinero que te piden. Pero tampoco es lo que más preocupa, si entre tus manos tienes una criatura de apenas unos meses de edad. No todos la comparten mismo agrado en su presencia, por eso, has de esconderla mientras haya, dependa qué visita. Verde que te quiero verde, todo se pone verde después de la lluvia, pero bajo la tormenta todo permanece tenue, sin brillo ninguno, todos los colores se parecen. La mudanza me preocupa. Bajo la tormenta todo queda y todo pasa. Nada se crea ni se destruye bajo la tormenta, todo se transforma, no es así, nada se cresa ni se destruye, permanece siempre contaste pero sin tener porque transformarse ni transformar, sólo por el hecho de pertenecer a ese instante; la tinta se corre, el papel se expande, la tierra se desploma como la cera sobre la vertical vela. Bajo la tormenta, las gotas caen hacia abajo, hasta llegar. Sin importar superficie, una gota de agua es una fuerza imparable y un objeto inamovible a la vez; multiplica una tormenta constante. A la gota de lluvia no le importa si volar, si tocar tierra, si hacer tierra, siempre va ha ser una gota en constante movimiento. Formará parte de una tormenta, o de su consecuencia, o de su contenido, en todo caso de su producto final, pero si la tormenta no cesa. Esa gota siempre es nada, solamente movimiento.

Bajo la tormenta uno mira tras los cristales, pidiendo que no te cobre mucho por limpiarte la luna, pero es que ya te la llenó de jabón. Bajo la tormenta uno come en un restaurante, dentro del restaurante, fuera, sobre las mesas de fuera un bando de cinco palomas, de mejor a peor estado, fuera consumían cualquier cosa, desarrollaron una habilidad sorprendente para abrir los sobres de azúcar, terminaron por abrir los sobrecitos de sacarina. Por disputarse los granos que al aire saltaban, dos perdieron un ojo, todos los dedos de su pata, esta ya nunca subía a las mesas, siempre esperaba bajo ellas. Más de dos perdieron el plumaje de su cabeza, otra toda la cola, completamente pelada tenía la cola. Dentro, bajo la tormenta, uno come milanesa refrita de años nuevos pasados y ensalada césar como pavo relleno, y la heladera llena de marisco. Bajo la tormenta en los retaoranes se come cualquier cosa pero no se pierde nada, todo se transforma. Las palomas, se comen las cucarachas y los restos de paloma, las polillas alimentan, son presa de las ratas con alas, estás que no manchan nada de fuera pero que lo tienen todo cagado por dentro, los murciélagos. Los indigentes y los agentes comparten las calles, con las putas, ah! Estas ya no tanto, bueno sí, con las putas, los colectiveros, los tacheros and comunity company. Barrios que mirando sus alcorques puedes saber de ellos, de los que habitan. La canalla que remena las escombrerias buscando su caga tió, su regalo de Navidad, regalo envuelto en plástico negro, pero aún así un regalo para abrir. Bajo la tormenta cualquier sorpresa es sorpresa y un presente un presente. Una miga de pan, un camino, un nuevo año. Bajo la tormenta no importa la salida, si siempre estás entrando bajo la tormenta camino de Colmenar Viejo, donde un tipo te cuenta como ha pensado matar a su mujer, trabajando dos turnos seguidos, diez y seis horas de lunes a lunes. Y los militares controlando los trenes allá por el dos mil cuatro, y yo en Alcalá de Henares repartiendo petróleo y pizzas y agitando la Vespa pa mezclar el aceite con la nafta y poniendo aceitunas en todo lo redondo. Todo lleno de velas. Bajo la tormenta es bueno soplar velas, dos mil doce velas para soplar son toda una candela una iluminación.


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01 octubre, 2011

DECENAS Y DECENAS DE VECES

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Decenas son cientos de miles para millares y millones las gotas que conforman la tormenta. Bajo la tormenta todo suena peor, los truenos atormentados, acompañados de relámpagos centellas y rayos. Bajo la tormenta todo es estruendo tremendo y atónito. Bajo la tormenta todo sabe mejor, el pan, el agua, el pez y el vino, la fruta, el vómito, el humo todo o sobre la escarcha. Bajo la tormenta, si el refugio tiene arroyos y goteras es que disfrutas de cornisa y pared. Bajo la tormenta es bueno disfrutar de cornisa y pared, imagina que la tormenta te sorprende desolado y descampado, caminando con las manos en los bolsillos, como un pensamiento enfundado que no infundado, súbito, un jarro de agua fría. Bajo la tormenta, qué importa un jarro de agua fría. Bajo la tormenta nadie te ofrece un café de máquina, un expreso, pero los árboles superan en cantidad y altura a los edificios, y, un extraño consuelo te embriaga y excita la hilaridad, todo un paradigma. Lo más fantástico de la tormenta sobre tu cabeza es que puedes fumar, todo depende del encendedor, porque a buen encendedor pocas chiscadas bastan para prender la yesca, y el papel de tabaco hoy ya es alquitrán combustible productor de ceniza, ceniceros y excrementos de animales fumadores que en los corrientes cauces hacia abajo se suman a los barcos de papel; paquetes de tabaco, colillas, amarillenta nicotina almizcla de color la cristalinita lluvia caída. En las cuestas arriba, los caminos se convierten en un regadío de ofrendas flotantes, cuesta abajo todo lo contrario, escapa el presente a tu paso, y la llanura, la plana bajo la tormenta es un barrizal, un lodazal pesado. Bajo la tormenta todo ha de tener una armonía, un ritmo, como todo lo que cae y no deja de caer, todas las gotas de lluvia a la vez, una a una, de diez en diez. Bajo la tormenta uno cuenta hasta dos y hasta tres, cuatro y respira cinco y seis, hasta siete y ocho y nueve, exhala el diez y vuelve a contar uno y dos y tres. Bajo la tormenta, uno va haciendo camino al pisar, y al echar la vista atrás, caminante, no hay camino.

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15 julio, 2011

Nueve Meses

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. “El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida”
Lope de Vega.



TU CUARTO


… Elegí la puerta del pomo redondo
, cuando cerré la puerta
, ya dentro de tu pieza corté mis manos
. Caminé hasta llegar a tu cama, y
, al sentarme en tus pies cortémelos yo
; después de todo esto nos abrazamos
. Con el alba caen mis brazos
, dejando la mañana mi cuerpo
; como Grecia deja sus estatuas
. Tomar el desayuno en tu cama
… me costó las piernas
. Después, por dejar mi corazón al aire
, con el tiempo pereció, macándosemele
, muriéndome, con los ojos abiertos
, la mirada hambrienta
, redondeada en el pomo de la puerta


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01 julio, 2011

OCHO PUNTOS CARDINALES

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Soy un ojos azules del reino de Jaén. De tierra íbera; el quinto hijo de un quinto hijo. Bajo las estrellas de Scorpión, en un momento circular y global. Tangentes espaciales, todavía no universales. Caballo oriental me suma. 27101978953232207507179323102088233186471051... 314159...

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08 noviembre, 2010

Anotaciones de un siete y medio Lunes recien llegao por Vilches.

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Las nueve de la mañana, café largo corto cigarro y cagarro. La almohada aún por recoger.


1. La Caixa.
2. El paro.
3. Llamar al Rafa.
4. Llamar al Rojo.
5. Llamar al Rovi.
6. Llamar a Claudia.
7. Llamar a mi Hermano. Feliz Cumpleaños.

... mails

Claudio, Sasa, Oski y Leti, Trampa, Impro, Cuentos, Facebook
y que no se me olvide armorsito mío de mi corazón.

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22 julio, 2010

SEIS VIDAS TIENE UN GATO

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Jamás nos unió Sabina, hasta que un día en mi nevera amaneció un queso anexo a un cuerpo pegado a un sofá. Ternura y todo corazón, envuelto en pelo de oso y músculos de algodón. “Gipy” de Neptuno, aparca carrozas en Cibeles, "que a nadie confonda", en las ventas por verónica, a las cinco de la tarde, a puerta gayola, brinda al sol el séptimo verpestino; un Minotauro azabache de kilómetro cero. Dominguero pescador de carpas en Retiro, princesa de cristal, Miguel Ángel caído sobre techos de uralita, autoestopista de la M-85, que en las fuentes del Realejo mojaba sus galletas de pezón, salpicando todas las letras con su peculiar color, siempre girando a la izquierda y de puro rojo el corazón, mas colchonero de siesta y de merengue en flan Dhul; rojo y blanco albayalde, chotis, sardana, colegio mayor, la vida en rosa de los vientos, diarios de cruceros en barcos de calderón hacia puertos de Campoamor. De ti aprendí a quemar las naves, a definir paradigmático, a dibujar alabardas, a contar cuentos de ratones, y encontráme un rosario de lágrimas para Manuela en un mercado de plaza abierta frente Casa de Porras. Exprimidor incansable de vitamina C, que nunca pide nada a cambio sino más que amor. Alguien como tú necesitaba y por fortuna te pude ver, y asíme, de tú, mano de líneas amarillas, aprendí, que, lo, mejor de la vida, es, equivocarse. Sirvan para algo los tropezones, vértigo redentor. Te quiero y te beso en la boca porque me curaste lospordentros. Hermano mío pequeño que quieres ser el mayor, que aprendiendo de mí así me enseñas que lo mejor de la vida es escuchar al corazón. En espuela de fuego galopamos el arte sin saber métodos de doma, g, para montar y agarrar las crines como los cuernos con alma de forjador, montar a pelo la improvisación. Pulgar oponible de Pirómano, dedo del la mano corazón. Te tengo presente, pero no haré ninguna oración por vos, Gallego me llaman los que hoy conmigo se sientan a comer en la mesa, sopa de letras de queso con hojitas de raiz de kalandraka, España salió campeón. No se puede tapar el sol, y mucho menos, con un dedo, pero tú, frenas tu ombligo lanzando palabras donde el viento gira y da la vuelta, dante con un verso en los diretes. Te extraño Cabrón.

Besos y abrazos sin dejar costao, de corazón.


Te quiero mucho.

http://www.pointdelunettes.com/with_or_without_you.html

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19 julio, 2010

MEMORIAS A DIARIO DE UN QUINTO PISO, SIN ASCENSOR.

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En una de tantas labores que “me se” me avecinan, he de responder a una pregunta: Qué es para ti la improvisación?

Primero quería hacer destacar la diferencia, por la duda, entre improvisar e improvisación, o improvisar e improvisando o improvisado. Necesitaría conjugar tantas palabras de las que no comprendo su infinito significado según el lugar que ocupan en los encierros ocultos de la memoria del pulgar oponible, mentementehablando, y por ellos recogidos e incriptos en decisión propia de mi intelecto a la hora de comunicarme en mi todo para todos, y es que se me complica y me se alarga. Cómo responder esta pregunta en un tiempo? Qué se yo!

Es un minúsculo parpadeo que se deshace tremendo, resultado ínfimo de un instante irrepetible jamás, igual a nada. Sustantivo protagonista de la circunstancia y la decisión de ese momento expreso, consecuencia de todo y mi todo cuanto rodea y me rodea. Una vida siniestra y divina, mezcla de cuento y realidad. Memoria, presente, deseo. Estimulante.

Los vecinos de mi barrio.

Donde vivo pazco transito, me miran los miro, me observan los observo, los escucho me escuchan, me oyen llegar los oigo salir, nos encontramos en los ascensores, en las calles, en las mesas, en los facebooks… en la cama… compartiendo la sal y las espaldas, la saliva colateral, los reductos excrementos, inyectados en banda ancha in arteria anal. Mando digitalizados, proyectados en escaparates, anuncios televisivos, actos teatrales, dibujitos de periódico, fotos instantáneas de salva- pantallas, corruptos del aburrimiento en la desidia. Para la interpretación de nuestra vida, recolectando nuestros abrojos desprendidos en el interiror de las basuras que procuran cerca, confiables y reciclables. Alimento para los animales depredadores, constructores implacables de los cimientos donde se abraza en consuelo nuestra puta existencia, en soledad y arrepentimiento. Blasón bastardo que nos comunica con sus actos y en sus escritos. Impredecible aunque apreciable por lo que confunde o confirma.

La semana antes que el mes, se me sabe lo dicho. Trabalenguas desafinado circunscrito al paladar descafeinado anexo por sujeto al incandescente agravio de la totalidad en la condición perpleja de la plenitud humana sabida de placer y servida al concreto como primer plato sobre la tabla redonda elegido entre el menú especulado en las finanzas del cielo en virtud del infierno viceversabiendo porque toda costumbre sucumbe al espasmo confundido de esperanza colocada al abismo secreto de la oportunidad que brinda la incertidumbre aceptada del mandamiento a irse a la cama asido en la solaz calma de los sueños perplejos a las luces del candil_amiento prieto en esparto y cañamo que la tierra rejuvenece a base de barbecho y paciencia e inclemencia del calendario clavado sobre el muro de contención del comedor recibidor que fortalece la entrada de todo cuanto me soporta y me aguanta en esta inestable balanza que ajando sus ojos hace de sus decisiones huéspedes de la espada y la razón en acólito conjunto y unión compleja de actor a la vez que espectador declarado taquigráficamente cuanto sucumbe entre todo la pasión y el consentimiento engendrado y engendrando hacia que mientras y el mundo siga su rumbo somos despiertos en día y soñadores en noche sin depender la vela que uno hinche o la calavera que calce pues todos somos pavesas y después ceniza en redundante ciclo.
Segundo...
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18 mayo, 2010

CUARTO ACTO

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Primer papel en escena "Trampa para un hombre sólo". Basada en la obra teatral de

Robert Thomas.

Hacer el favor de mirar en youtube.

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TU MÁS YO (BY Fo).

No estoy solo, no tan solo como en el encierro
conmigo mismo, no entre el barrote y la piedra,
sino en mi propio hueso y mi carne. Preso
por el malo malísimo de mi cuento ende mi cabeza.
Amanecer entre tus brazos es encontrar la tierra,
prometida de los sueños a salvo de la tristeza.
Esa intimidad nuestra tan cercana.
Comunicarme con otro cuerpo que no es el mío,
con algo aparte de mí que me suma de la nada,
pleno de fuego dentro, hervirme la piel de frío;
es la solaz compañía de nuestra soledada.

Despertarnos como de niños con un jugete a los pies de la cama
y jugar, jugar, jugar, jugar, jugar, jugar, jugar,
hasta que al uno o al otro se nos pasen las ganas.




http://www.youtube.com/watch?v=_ibHXbCLvJg


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10 febrero, 2010

TRICICLO

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En el Barrio de Olivos, calle España, había más infantes que en el Barrio de San Telmo calle Defensa. En el barrio de San Telmo no quedaba tiempo para la infancia, igual que en el barrio de Once, Plaza Miserere, o en cualquier otro barrio o plaza o calle de Provincia.

La infancia se pierde en la villas a la edad de tres años, cuando aprenden a lanzar pelotas, haciendo malabares, contra el techo del subte, cuando amontonan cartones, cuando van de la mano memorizando la retahíla de palabras que va largando su padre (si es que es su padre) o su madre (si es que es su madre), para ganar unos centavos con la caridad de la gente. La infancia se aprecia cuando consiguen como botín una bolsa de chucherías por demandar atención en los semáforos en rojo, y con la boca llena de saliva y azúcar, se reparten los caramelos de fruta o las figuritas de chocolate. Con los pies descalzos y negros, y las rodillas y los codos con costras de mugre, la infancia vuelve a las horas de sol en la tarde, cuando refrescan y limpian sus cuerpos de niño en las fuentes de los parques, y juegan a hundirse bajo el agua, y se salpican con las manos y se escupen agua con la boca. La infancia termina después de rodar por el pasto para secarse y abandonan el parque, para ir a custodiar montones de basura hasta que arriba el hombre del saco grande, donde se selecciona el papel, el cartón, el vidrio, los envases. Comen de los desperdicios sobre los mismos desperdicios.
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Cuando comienzan a disiparse las estrellas en la claridad de la madrugada, buscan un rincón donde derrumbarse, y cierran los ojos, y sueñan que no son tan grandes, y juegan como los chicos. Los días que no hay basura celebran fiesta y no se ve ninguno por la calle. Igual, esos días de fiesta, en las villas, si existe la infancia, o quizá, aprovechan ese tiempo para perfeccionar sus malabares o aprenden la lección de la buena limosna, o consumen “paco” para olvidar la necesidad de ser infantes, porque dudo que ninguno sepa lo que es un diente de leche.

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05 febrero, 2010

DOS CARAS

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Siete horas después de lo previsto, llegué a la calle España en el barrio de Olivos, donde se me estaban esperando. Conocí a Lia, un martes a la noche en La Cueva Del Gato, ella fue quien me presentó a su familia vía mail, y fueron ellos quienes me recibieron. Me esperaban sobre las quince horas y llegué a las veintitrés horas. Olivos es un barrio de la periferia de Buenos Aires, pertenece a Provincia, no a Capital. Alejado a una hora y media del centro, apenas si había ruidos, excepto el aeropuerto que teníamos cerca del cual no dejaban de despegar y aterrizar aviones, y al menos, uno cada dos horas, veías como un gigantesco de esos aparatos sobrevolaba a unos pocos pies de tu cabeza.

En un árbol de los que pintaban sombras en el barrio de Olivos, pude ver más variedad de pájaros que en toda la vega de Vilches, cantos que jamás escuché. Tampoco vi papeleras, no había donde tirar cualquier envoltorio o envase, ni un solo contenedor donde arrojar las bolsas de basura, pero sí que en cada esquina, había una garita de guardia que vigilaba cada cuadra del barrio. Un señor que era a la vez que vigilante; cartero, vecino, pregonero, correveidile, cualquier cosa que se le antojara a la señora o el señor de la casa. No vi tampoco pasos de cebra o para peatones, los autos tienen siempre prioridad, excepto con los semáforos en rojo. También vi trabajos extraños que me sorprendieron de manera bárbara. En la línea A del Metro_Subte, la línea más antigua de Buenos Aires, y puedo asegurar que son líneas, porque ninguna cruza con ninguna, y para hacer trasbordo, olvídate. Las puertas de los vagones de trenes de subte, se abren manualmente, literalmente, es el pasajero el que ha de asir los tiradores, uno en cada puerta, y tirar para abrir las puertas, sólo cuando se ha de salir por la parte izquierda en sentido de circulación del vagón, porque por la derecha, hay un señor que se ocupa de eso. Es dueño de una llave que al girarla y pulsar un botón, las puertas del lateral derecho se abren, después, porta un silbato de sonido ensordecedor, pero a él no le preocupa porque protege sus oídos con unos tapones de cera. El silbato lo utiliza para advertir a los pasajeros de que ya no pueden ingresar al vagón y han de esperar al siguiente Metro_Subte que nadie te puede asegurar si arribará o no.

En el Barrio de Olivos, calle España, había más infantes que en el Barrio de San Telmo calle Defensa. En el barrio de San Telmo no quedaba tiempo para la infancia, igual que en el barrio de Once, Plaza Miserere, o en cualquier otro barrio o plaza o calle de Provincia.
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31 enero, 2010

TIEMPO UNO

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Algo más fuerte que yo insistía en que no debía subirme al avión aquella noche hacia Buenos Aires.

Jamás nunca en mi vida había visto un aeropuerto tan grande como el de Barajas. Jamás había visto un aeropuerto. Mi ignorancia había provocado la posibilidad de no poder ingresar en Montevideo, mi primer destino, porque no había adquirido un billete con fecha de regreso, y por eso no me querían dejar subir al avión, los interesados en el asunto, aquella noche. Todo lo soluciona hacer una reserva. La hice. Pude subir al avión. Mi compañera de vuelo no se callaba ni debajo del agua. No dejó de hablar desde que tomé asiento a su lado; su novio español vino a despedirla aquella noche después de pasar un mes y medio inimaginable e increíble en Mallorca. Él pagó los boletos, y, foto a foto me fue describiendo día a día todos los amaneceres, atardeceres y ocasos que se sucedieron sobre las playas mallorquinas desde el quince de agosto hasta el dos de octubre. El capitán del avión abortó su primer despegue alegando que las condiciones del aparato no eran favorables. De repente, cada y uno de los pasajeros comenzó a escuchar un “ruidito” en el sonido del motor del avión que nunca antes en todos sus anteriores vuelos hubo escuchado. La mujer sentada a mi lado comenzó a ponerse histérica. Le pedí que por favor se tranquilizara, pero ella no entraba en razón. Imploraba, requería que la bajasen del avión de inmediato. Cuando a la mujer le pidieron explicaciones, cayó en sollozos y puchereos infantiles. El avión regresó a su dársena, después volvió a salir a pista e hizo el despegue sigiloso y silencioso. Me dormí profundamente hasta que me amaneció en el mismo cielo, a la altura de las nubes. Aterricé en Montevideo, en la aduana, me tuve que desprender de mi mechero de gas azul, me lo requisó el policía militar armado con una cara de orto y una ametralladora. Qué podría hacer yo con un mechero en Uruguay. Cuando pasaron lista para el trasbordo al otro avión que nos llevaría a Buenos Aires, no me nombraron. Mi equipaje si aparecía, pero mi nombre no rezaba en aquella lista. Tuve que esperar más de cuatro horas sentado a que solucionaran el entuerto. Me pareció mucho más relajado que esperar en Barajas con la incertidumbre de si me dejarían subir o no al avión, y cuando me disponía a llegar a la puerta treinta y nueve U, a sólo quince minutos del embarque, descubrí que no sólo los pasillos eran interminables, sino de que también debía tomar un tren subterráneo que me llevaría hasta la dársena de mi avión. Cuando por fin llegué sin aliento a la puerta de embarque, justo anunciaban mi nombre y mi asiento. En Montevideo, dos empleados del aeropuerto cuchicheaban lo sucedido con mi nombre y mi mochila, me acerqué a ellos para presentarme, me hicieron subir de inmediato a un autobús, el cual me acercaría hasta las escaleras de embarque del avión que me llevaría a Buenos Aires. Desde que pisé Buenos Aires un miercoles a la tarde, ningún viernes dejó de llover.

El primer viernes actuaba en Guapachoza. Una casa cultural del barrio del Abastos. A causa del temporal, tuve sólo quince doce espectadores.
(Continuará).

Siete horas después de lo previsto, llegué a la calle España en el barrio de Olivos, donde se me estaba esperando. Conocí a Lia, un martes a la noche en La Cueva Del Gato.