26 abril, 2009

HABÍA UNA VEZ

.

Había una vez, hace mucho, mucho pero que mucho tiempo, tanto tiempo que no existía ni el fuego ni dinero, un helado de vainilla intentaba resistir al caluroso verano de Sevilla sin ser devorado por un niño mocoso o un anciano sin dientes, o derretirse en el asfalto bajo las llamas de un abrasante sol de agosto. Un poco a su izquierda, una lenteja de pelo en pecho y un tupé rollo Elvis intentaba atravesar un corral pleno de pollos amarillos hambrientos. Entre todos los pollos amarillos, había uno que se llamaba Resultón, le llamaban así porque tenía los pies grandes y era de color rojo, además vestía una camisa de flores tan hortera que le quedaba preciosa. A todo esto, un mojón de vaca que estaba entre el helado de vainilla y la lenteja de pelo en pecho y tupé rollo Elvis, también quiso dar su opinión. Decía que la vida era un asco porque con el calor que hacía echaba una peste que no se le acercaba ni las moscas. Un tipo que caminaba distraído pisó al mojón y decidió ir a comprar un cupón, pero como en esa época no existía el dinero, no lo pudo comprar. Esperó al señor de los cupones y aprovechando que era ciego, agarró toda la tira y echo a correr, quitándole incluso las gafas de sol porque eran unas Rayban. En plena carrera se detuvo un instante a limpiarse el mojón del pie, como el que le perseguía era ciego, se lo podía permitir. Un bastonazo al aire del ciego fue a dar en el culo de la lenteja de pelo en pecho y tupé rollo Elvis, que salió despedida y pudo atravesar así el corral de pollos amarillos, volando como un pájaro en libertad. Resultón, nuestro pollo rojo con camisa de flores, escarbaba en el suelo con ambas patas buscando algo que llevarse al pico, y pensó: “Que bien me vendría esa lenteja de pelo en pecho y tupé rollo Elvis que vuela como un pájaro en plena libertad, con el hambre que tengo...”. El tipo que pisó el mojón, que fue a comprar el cupón pero no pudo porque no existía el dinero, sí, el que iba huyendo del ciego porque le había robado los cupones, pudo destrozar de un pisotón al helado de vainilla que se hacía fuerte frente el caluroso mes de agosto sevillano, y un palo de ciego casi le destroza la puntita del cucurucho. La sombra de un terodáctilo que volaba por allí hizo sombra en el lugar. Iba un poco mal de la barriga y sufría unas diarreas fortísimas, le sorprendió un apretón en pleno vuelo, descargó llenándolo todo de mierda, al tipo, al ciego y al helado de vainilla. El terodáctilo desahogado prosiguió su vuelo.

Resultón descubrió que su camisa era reversible. Por el otro lado era de un azul marino con un estampado de estrellas de mar fucsias y erizos de mar negros tipo asteriscos. Probó ha darle la vuelta a su piel en el intento de ser amarillo como todos sus compañeros de corral, pero se desangró y murió en el intento de ser igual que todos.

La lenteja superó la prueba de cruzar el corral de pollos amarillos y pudo entrar en la legión. Se rapó su tupé rollo Elvis y se lo pegó al pecho, ahora lleva los tres primeros botones de la camisa abierta y se siente orgullosa de llevar la cabra.

.

No hay comentarios: